¿Alguna vez se ha preguntado hasta qué edad crecen los huesos? En este artículo se lo explicamos y la respuesta, seguramente, le sorprenderá.

Los huesos proporcionan apoyo y permiten que el cuerpo se mueva, almacenan minerales, son necesarios para la producción de células sanguíneas y protegen nuestros órganos. En consecuencia, es lógico afirmar que no son una construcción rígida, sino que continúan formándose y creciendo durante nuestra vida.

Nuestro cuerpo tiene aproximadamente 206 huesos; cada hueso se compone de un tercio de colágeno y dos tercios de minerales. Un hueso es un órgano con buena perfusión y contiene diferentes tipos de tejido vivo. Es este tejido el que determina en gran medida las propiedades mecánicas de un hueso.

El tejido de la superficie exterior del hueso se conoce como sustancia cortical. En el eje de los huesos tubulares, esta capa es muy gruesa y también se conoce como sustancia compacta o hueso compacto.

Su microarquitectura hace un hueso duro y ligero.

La capa interna de tejido se llama “la sustancia esponjosa”; es una red esponjosa de trabéculas (hueso esponjoso) y está estructurada de manera que pueda soportar las cargas. Esta microarquitectura asegura que el hueso sea a la vez estable y ligero. En el exterior, el hueso está rodeado por una membrana conectiva llamada el periostio. Esta membrana no se extiende sobre las superficies de unión, aquí el hueso está cubierto de cartílago. Los huesos evolucionan a partir del tejido cartilaginoso y del tejido conectivo embrionario.

Durante la niñez y la adolescencia este tejido se vuelve gradualmente hueso duro. El crecimiento de los huesos continúa hasta que somos adultos y hemos llegado a nuestra altura máxima. La manera en que se produce el crecimiento depende del tipo de hueso. Por ejemplo, en huesos tubulares como el fémur, el aumento en la longitud se produce en la zona de la placa epifisaria –un hueco entre el eje y los extremos de un hueso. La placa desaparece una vez que hemos dejado de crecer y se forma el hueso duro.

Durante nuestra vida los huesos se reforman

Por supuesto, los huesos no sólo se hacen más largos sino que también se vuelven más gruesos y más fuertes. Hace mucho tiempo que sabemos que nuestros huesos se adaptan a las cargas mecánicas a lo largo de nuestra vida. La forma en que esto funciona se conoce como el “principio minimax”, es decir, el hueso debe ser tan estable como sea necesario, pero también lo más ligero posible.

Las células que forman los huesos se conocen generalmente como “osteoblastos”. En contraste, los “osteoclastos” son responsables del proceso inverso conocido como la reabsorción. Al igual que con los músculos, el equilibrio entre la velocidad de formación y reabsorción decide si los huesos se forman o se deforman.

Entrenamiento de fuerza para los huesos

La mayor fuerza que actúa regularmente en los huesos no es la gravedad, sino la fuerza muscular. Cuando nuestros músculos trabajan duro, nuestros huesos, y en particular los huesos tubulares largos, se distorsionan en una cantidad muy pequeña. La tracción, la compresión, la fuerza y la flexión se transfieren a los huesos a través de los músculos y, como consecuencia, el interior de los huesos está también sujeto a cargas, que serán las responsables de producir un estímulo que se extenderá a lo largo del hueso y activará un bucle de control.

En 1987 el científico Harold Frost describió por primera vez este proceso, conocido como “La teoría del mecanostato”. El grado de deformación de los huesos constituye una variable de control que debe mantenerse constante. Un mecanismo de control –el mecanostato– registra la deformación real y luego lo compara con el valor deseado. Si el estímulo de carga es lo suficientemente alto, esta micro-deformación excederá el valor deseado, estimulando el metabolismo óseo. Los osteoblastos se activan y trabajan duro para construir masa ósea. Los huesos generan sales minerales que aumentan la estabilidad de las trabéculas esponjosas. Además, se produce un engrosamiento de la capa externa de los huesos tubulares y de los puntos de inserción de los tendones y las articulaciones.

Por el contrario, si la micro-deformación no alcanza el valor deseado, los osteoclastos entran en juego y el hueso disminuye de masa. Además, se produce un cambio negativo en la geometría.

En otras palabras, si no somos capaces de utilizar nuestros músculos lo suficiente, nuestros huesos carecerán de la carga mecánica requerida. Esto representa un factor de riesgo para la pérdida prematura de hueso. Para mantener la salud ósea y prevenir la osteoporosis, es importante hacer un entrenamiento de fuerza regular.

Entrenamiento negativo

El entrenamiento en Wunder Training generará un impacto positivo en los huesos, ya que no sólo refuerza los músculos, sino también los huesos. Como resultado, los huesos se mantienen sanos, son más capaces de resistir las influencias externas y son más resistentes a las enfermedades óseas.

Un hecho interesante es que la fase negativa de un ejercicio muscular produce el mayor nivel de deformación de los huesos y es más eficaz en el fortalecimiento de los huesos. Aplicado al entrenamiento, esto significa que debemos ralentizar el peso de forma activa durante la fase negativa, es decir, cuando dejamos la carga. Esto produce la máxima fuerza muscular. Así que ¿por qué no probar ejercicios semi-negativos o negativos?

Nuestro personal está a su disposición para mostrarle la manera de hacerlos. Experimente cómo activar su metabolismo óseo en la vida diaria.