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Las lesiones de rodilla son muy comunes y pueden ocurrir a cualquier edad. Además, suelen interferir mucho en nuestras actividades diarias, impidiéndonos caminar o realizar nuestra actividad deportiva habitual. En este artículo repasamos las principales lesiones de rodilla y como enfocar el proceso de recuperación en cada una de ellas. Tendremos en cuenta las adaptaciones que debemos aplicar al iniciar el proceso de fortalecimiento muscular tras una lesión y las modificaciones en cada una de las máquinas de entrenamiento dependiendo del tipo de lesión.

En Wunder Training puedes abordar todo el proceso de recuperación de una lesión de rodilla, desde la fase preoperatoria y postoperatoria hasta la readaptación y retorno a la actividad deportiva. Nuestro equipo de médicos, fisioterapeutas y entrenadores personales te acompañarán en todo el proceso.

Articulación de la rodilla

La articulación de la rodilla es la más grande de nuestro cuerpo, una de las más complejas, por ser el punto de unión entre tres huesos (fémur, tibia y rotula) y una de las más sensibles, al soportar la mayor parte del peso del cuerpo cuando estamos de pie y ser vulnerable a lesiones graves por traumatismos en actividades deportivas.

Está formada por los cóndilos mediales del fémur, las superficies articulares de la tibia y la superficie trasera de la rótula. Los meniscos se encuentran entre las superficies articulares y reducen la presión mejorando la concordancia entre los cóndilos convexos del fémur y cavidades glenoideas de la tibia. Los meniscos desempeñan un papel importante como medios de unión elásticos y transmisores de las fuerzas de compresión entre la tibia y el fémur.

La rodilla dispone de varios ligamentos que aseguran su estabilidad y evitan movimientos excesivos. Los ligamentos que están en el interior de la cápsula articular se llaman intraarticulares, entre los que se encuentra el ligamento cruzado anterior y el ligamento cruzado posterior. Por otra parte, los ligamentos que están por fuera de la cápsula articular se llaman extraarticulares, como el ligamento lateral interno y el ligamento lateral externo.

Una gran cantidad de músculos actúan sobre la rodilla. Algunos de ellos intervienen en varios movimientos. Los músculos flexores se sitúan en la parte posterior del muslo y son los isquiotibiales (bíceps femoral, semimembranosos y semitendinoso) y algunos accesorios como el poplíteo y el sartorio. Los músculos extensores están situados en la parte anterior del muslo y son el cuádriceps formado por el recto femoral y los vastos medial, lateral e intermedio. Los músculos que intervienen en la rotación externa son el tensor de la fascia lata y el bíceps femoral. Los músculos que intervienen en la rotación interna de rodilla son el sartorio, el semitendinoso, semimembranoso, vasto interno y poplíteo.

Principales lesiones de rodilla y recomendaciones para el ejercicio en cada una de ellas

Lesiones de menisco

Generalmente son debidas a fenómenos degenerativos del menisco con tendencia a generar fisuras de diferente intensidad. Los hombres son dos veces más propensos a sufrir lesiones de menisco que las mujeres.  Las lesiones de menisco se producen por deterioro y/o traumatismo.

Deterioro: Debido a la presión de la articulación de la rodilla, con el paso de los años pueden producirse desgarros y síntomas de deterioro del menisco interno o externo. Las asperezas superficiales o las fisuras normalmente no producen molestias. Los meniscos no poseen demasiados vasos sanguíneos ni terminaciones nerviosas, por lo que al lesionarse no se siente dolor agudo, pero si molestias en la zona. Es la formación de grietas mayores o la ruptura de una parte del menisco en trozos los que originan la aparición de los síntomas.

Traumatismo: otra causa de lesión en los meniscos es el traumatismo accidental; por ejemplo, al practicar un deporte. El menisco se lesiona generalmente por un mecanismo de rotación, cuando la rodilla se encuentra en situación de semiflexión y con el pie apoyado. En estas circunstancias, al producirse la rotación, el cóndilo del fémur presiona directamente al menisco y este se rompe o fisura. Esta lesión afecta con mayor frecuencia al menisco interno o medial que al externo. Las roturas pueden llegar a ser de una gravedad significativa.

Recomendaciones para el ejercicio en lesiones de menisco

En el movimiento de flexión/extensión completa de rodilla, el menisco externo recorre un trayecto de 1 cm. Con el menisco sano, el ejercicio en equipos de extensión de rodilla y flexión de rodilla puede realizarse sin problemas. En el caso de lesiones de menisco degenerativas y/o traumáticas, el ejercicio en estos equipos puede causar irritación y dolor. A causa de un ROM (amplitud de movimiento) claramente inferior en la rodilla y del comportamiento articular fisiológico, para las lesiones de menisco se recomienda el uso de la prensa inclinada de piernas, en lugar de las máquinas indicadas anteriormente.

Con lesiones de menisco sintomáticas no es posible realizar el ejercicio. Una vez que las molestias hayan disminuido en gran medida, será posible iniciar el ejercicio en la prensa inclinada de piernas con baja intensidad y restricción de ROM; es decir, con una flexión de rodilla máxima de 90º. Posteriormente, si se tolera el uso de las máquinas de extensión de cuádriceps y flexión de rodilla estos ejercicios también podrán realizarse, pero en estas máquinas, los meniscos estarán sometidos a una deformación intensa y creciente entre las superficies articulares. Principalmente, se prevé intolerancia en estas máquinas al aumentar la flexión de rodilla y, en menor grado, en extensión. En las lesiones de menisco sin pronóstico de operación, puede, sin embargo, resultar útil trabajar en estas máquinas con una restricción del ROM de rodilla en caso de que, por ejemplo, no pueda utilizarse la prensa inclinada o no sea tolerable.

En casos de operación de menisco por artroscopia se recomienda empezar el ejercicio transcurridas entre 4-6 semanas, con baja intensidad.

Nuestra propuesta de programa de ejercicio para la extremidad inferior seria: Prensa de piernas a baja intensidad y con restricción del ROM en flexión de 90º y ejercicios en la máquina de glúteos y aductores. Progresaremos cuando sea posible a extensión de cuádriceps y flexión de rodilla con baja intensidad y limitación del ROM en flexión.

Artrosis de rodilla

Bajo el término gonartrosis se incluyen todas las enfermedades degenerativas de las articulaciones de la rodilla que se caracterizan por un deterioro progresivo del cartílago articular junto con las estructuras articulares, como huesos y cápsula articular.

Los síntomas de la artrosis de rodilla son dolores de rodilla no específicos, fatiga prematura en la pierna después de realizar un esfuerzo, sensación de calor y cansancio al levantarse después de permanecer en posición sentada prolongadamente. Estos síntomas suelen ser transitorios. En una fase posterior de la artrosis de rodilla se produce dolor de “arranque”, aumento de la rigidez, inestabilidad al subir escalones, por ejemplo, o al pisar sobre suelo desigual, así como aumento de la sensibilidad con clima frío y húmedo. Finalmente aparecen fenómenos de irritación recurrentes con derrame de la articulación de rodilla más o menos intenso, deformación repentina de las piernas y restricciones agudas de la movilidad como síntomas de una lesión de menisco. También es muy frecuente experimentar un ruido articular claramente audible derivado del movimiento.

Recomendaciones para el ejercicio en artrosis de rodilla

En una gonartrosis la tolerancia al ejercicio depende principalmente del grado de inflamación. En la artrosis severa, sin o con poca inflamación, suele ser posible ejercitarse en máquinas de extensión y flexión de rodilla y prensa de piernas, en un ROM sin dolor, con alta intensidad. Normalmente, en la artrosis severa existe una atrofia del cuádriceps. En caso de que exista una atrofia evidente, diferencias laterales de movilidad y tendencia a la inflamación, resultará útil realizar el ejercicio de forma unilateral. Puesto que una mejoría de la movilidad sólo se alcanzará realizando el ejercicio con ROM total, en el caso de que exista dolor, es prioritario reducir la intensidad antes que modificar el ROM. Con derrame articular el ejercicio de fortalecimiento está contraindicado.

Condropatía rotuliana y síndrome parapatelar

La condropatía rotuliana produce dolorosas alteraciones degenerativas del cartílago articular en la superficie trasera de la rótula. Por lo general, afecta más a las mujeres en la fase del crecimiento. El elemento desencadenante suele ser un exceso de carga o un esfuerzo incorrecto de la rótula. Los dolores suelen producirse al realizar actividades asociadas con el movimiento de flexo-extensión de rodilla, como, por ejemplo, subir escaleras. Muchas veces se acompaña de un ruido de roce (crepitación) debajo de la rótula. Además, pueden experimentarse dolores al permanecer en posición sentada prolongadamente, como en el cine, el teatro o en recorridos largos en automóvil.

Recomendaciones para el ejercicio en condropatía rotuliana

Para la condropatía rotuliana son válidas las mismas normas de entrenamiento que para la artrosis de la rótula.

Ruptura de ligamentos cruzados

Para determinar las prioridades del ejercicio en el caso de lesiones de los ligamentos cruzados, es preciso conocer la función de los ligamentos cruzados y su relación con la musculatura de la rodilla. El ligamento cruzado anterior que suele lesionarse de forma más frecuente, impide el desplazamiento de la tibia hacia delante, y el ligamento cruzado posterior que no suele lesionarse a menudo, impide el desplazamiento hacia atrás. Juntos, restringen la rotación interna de la rodilla. De este modo se entiende mejor la sinergia del flexor de rodilla con el ligamento cruzado anterior y la del extensor de rodilla con el ligamento cruzado posterior. El ejercicio de alta intensidad del flexor de rodilla cobra especial importancia, sobre todo en el caso de insuficiencia postraumática o postoperatoria después de una ruptura del ligamento cruzado anterior.

Recomendaciones para el ejercicio tras una ruptura de ligamentos cruzados

Tras una ruptura de los ligamentos cruzados no operada suele ser posible reiniciar el ejercicio de fortalecimiento transcurridas 6 semanas. Tras una ruptura del ligamento cruzado anterior, se iniciará el ejercicio en la máquina de extensión de rodilla o en la prensa inclinada con baja intensidad y se irá aumentando lentamente en el transcurso de los meses. En el caso de debilitamiento (insuficiencia) del ligamento cruzado anterior sin que exista indicación de operación, es prioritario realizar el ejercicio de fortalecimiento del flexor de rodilla. La función del ligamento cruzado posterior se protegerá mediante el extensor. Tras una ruptura parcial del ligamento cruzado anterior, el ejercicio puede provocar una ruptura completa. Son especialmente peligrosos los últimos 30º de la extensión de rodilla. Dependiendo de la situación, inicialmente debe eliminarse el ejercicio en este ROM o adaptar la intensidad.

Tras una cirugía de los ligamentos cruzados el ejercicio postoperatorio suele iniciarse transcurridas unas 8 semanas. Inicialmente se ejercitará en prensa de piernas con baja intensidad. A partir de la semana 12, es posible incluir en el programa las máquinas de extensión y flexión de rodilla con baja intensidad. El ejercicio no suele presentar problemas en el ROM comprendido entre 60º y 90º. Al principio, la extensión de 30º a 0º está contraindicada, incluso en la máquina de flexión de rodilla. Las máquinas de glúteos y aductores pueden utilizarse desde el principio. La extensión completa no está permitida antes de 6 meses con peso reducido. Tras la ampliación de ROM, será preciso reducir el peso. Debido a que el ligamento puede volver a romperse si no se ejercita suficientemente, es necesario poner en práctica un programa progresivo dirigido que cubra un intervalo de tiempo comprendido entre 6 y 12 meses.

Si tienes molestias o has sufrido alguna lesión de rodilla estaremos encantados de revisar tu programa de recuperación y entrenamiento. En Wunder Training puedes abordar todo el proceso de recuperación de rodilla, desde la fase preoperatoria o postoperatoria, hasta la readaptación y retorno a la actividad deportiva. Nuestro equipo de médicos, fisioterapeutas y entrenadores personales te acompañarán en todo el proceso y adaptará tus ejercicios en función de cada lesión, adaptándolos a tu situación concreta en cada momento.

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Si sufres dolor cervical, mareos, vértigos o te han diagnosticado una hernia discal ven a conocernos y descubre como el fortalecimiento muscular puede ayudarte a resolver tu problema. Examinamos tu caso sin compromiso para recomendarte el mejor tratamiento.

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