Una musculatura fuerte no sólo nos hace correr más rápido, saltar más alto y levantar más peso.

Los músculos son el órgano metabólico más grande de nuestro cuerpo, además del hígado, y desempeñan un papel clave para el funcionamiento del metabolismo del azúcar y la grasa.

La tasa metabólica basal – el metabolismo energético en reposo

Aproximadamente, nuestros cuerpos en reposo consumen entre 1.500 y 2.000 kilocalorías por día para preservar las funciones vitales. Solamente nuestros músculos ya consumen del 20 al 40 por ciento de estas kilocalorías. Este consumo diario de energía está estrechamente relacionado con la proporción muscular en el cuerpo. A mayor masa muscular, mayor será este consumo de calorías.

El consumo de energía durante el entrenamiento muscular

El entrenamiento muscular supone un aumento del gasto calórico. Por ejemplo, los estudios han demostrado que 30 minutos de entrenamiento muscular en mujeres supone un gasto de 200 kilocalorías, mientras que en los hombres puede llegar hasta las 300 kilocalorías.

Requerimiento de calorías tras el entrenamiento

No podemos olvidarnos además del efecto llamado “afterburn” (después de quemar): incluso después de entrenar, se aumenta la actividad metabólica y se consume más energía. La causa de este efecto está en los mecanismos de regeneración que se producen en el cuerpo. Los resultados de los estudios dan valores de 14 kilocalorías en el primer cuarto de hora hasta 23 kilocalorías en la primera hora después de la carga de ejercicio. Una cosa está clara: cuanto más intenso es el entrenamiento, mayor será el efecto “afterburn”.

Nivel de grasa en la sangre y grasa corporal

Además del aumento en el consumo de calorías, la grasa y el metabolismo se ven influenciados positivamente por el entrenamiento muscular: estudios científicos demuestran que un programa de entrenamiento muscular similar a un ejercicio aeróbico mejora los niveles de colesterol y, por lo tanto, tiene una función protectora para el sistema cardiovascular. Por ejemplo, el entrenamiento muscular aumenta el nivel de colesterol HDL (colesterol bueno) y disminuye los niveles de colesterol LDL (colesterol malo). Además, el aumento del consumo de calorías, el entrenamiento y el efecto “afterburn” han demostrado reducir la grasa corporal.

En resumen…

El entrenamiento muscular puede afectar positivamente al metabolismo, ya que actúa sobre el peligroso cuarteto de obesidad, hipertensión arterial, niveles elevados de lípidos en la sangre y niveles elevados de azúcar en la sangre. Unido a un cambio nutricional y al ejercicio aeróbico, el entrenamiento muscular puede reducir el riesgo de sufrir un ataque cardíaco, un derrame cerebral o diabetes.